Vender una vivienda en la isla requiere que los propietarios la miren con los ojos de un comprador, porque la larga familiaridad suele ocultar lo que hace especial a la propiedad. Ursula Hahn escribe que los vendedores locales tienden a centrarse en los metros cuadrados, las reparaciones y la comodidad, mientras que los compradores internacionales reaccionan primero a la luz, las vistas, los jardines, las terrazas y a la sensación que crea una casa. Aconseja a los propietarios que recorran la vivienda como si nunca la hubieran visto, que abran todas las ventanas y puertas, y que pregunten a alguien recién llegado a la isla qué siente al entrar. Esa perspectiva debería dar forma al anuncio, presentando primero el atractivo emocional de la propiedad y dejando para después los detalles prácticos, como la proximidad a la autopista o al supermercado. El artículo también advierte contra fijar un precio excesivo, y describe cómo una propiedad que sale al mercado demasiado cara puede quedarse sin vender, perder credibilidad y terminar vendiéndose por menos que una valoración inicial realista. Se recomiendan tres tasaciones independientes, pruebas de ventas comparables y una lectura cuidadosa de cada cláusula del contrato antes de firmar con una agencia. También se insta a los vendedores a evitar contratos de exclusiva largos sin cláusulas de revisión, a exigir una fecha de finalización clara y a hacer que cualquier contrato en portugués sea revisado por un abogado si no se sienten totalmente seguros. El texto concluye que Madeira es uno de los lugares más bellos del planeta y que cada propiedad merece venderse con el orgullo y la confianza que corresponden a su verdadero valor.
